Cristina y Jesús se conocen desde hace muchos años, pero se prometieron la última noche del año 2025 y decidieron que no querían alargar las espera. Así que, fijaron la boda para el 20 de junio.
La idea inicial era casarse en Madrid, en algún lugar que tuviera sentido para ellos. No buscaban un escenario bonito sin más, sino un sitio con el que pudieran identificarse y donde celebrar una ceremonia con validez legal. Por ello, encontrar el espacio adecuado no resultó tan sencillo como parecía.
Fue entonces cuando Burgos entró en escena. La familia de Cristina tiene sus raíces allí y la ciudad guarda, además, muchos de los recuerdos felices que ambos han ido construyendo juntos. Quizá la respuesta estaba más cerca de su propia historia de lo que imaginaban.
Y así, lo que empezó como una búsqueda en Madrid acabó convirtiéndose en una boda en Burgos.
La ceremonia se celebró en el Palacio de Castilfalé, sede del Archivo Municipal, frente a la catedral. Un palacio renacentista del siglo XVI, con una portada monumental y una escalera histórica de gran valor artístico, que ofreció el marco para un sí, quiero con una historia propia.
A pocos pasos, entre la catedral y el palacio, el Palacio de los Blasones acogió la celebración posterior. Dos espacios del casco histórico que permitieron concentrar la jornada en el corazón monumental de Burgos.
De las flores se encargó Cultura Flor, un clásico en Burgos. Las flores eran de temporada en tonos corales y cremas y combinaban dos variedades muy especiales para la pareja: las margaritas, las favoritas de Jesús, y las gerberas, las de Cristina que se convirtieron en las protagonistas de la decoración floral y del ramo de la novia, en una elección fresca y desenfadada, perfecta para una boda a las puertas del verano.
También la tarta nupcial, elaborada por Colofón Pastelería, se decoró con margaritas, prolongando ese pequeño guiño a los gustos de los dos.
Cristina eligió un vestido de bordado inglés, delicado y luminoso, que acompañó con un tocado de Livali con velo tipo birdcage . Completó el conjunto con unos pendientes de recuerdo familiar.
Una boda íntima, una ciudad llena de recuerdos. Una celebración que terminó encontrando su lugar en una ciudad que ya formaba parte de la historia de los novios.
Las celebraciones de alto nivel no se miden por el número de invitados, sino por la excelencia de cada detalle. Escríbeme y os abriré las puertas de una cuidada selección de fincas para bodas pequeñas en Madrid.
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