Anke es alemana, Julian es inglés y España fue el lugar donde sus caminos se cruzaron. Se conocieron en uno de esos encuentros que reúnen a personas de distintas nacionalidades para conectar, compartir experiencias y crear vínculos lejos de sus países de origen. El 5 de septiembre, aquella historia reunió en Madrid a amigos llegados de distintos rincones del mundo para celebrar una boda muy poco convencional.
Más de veinte nacionalidades estuvieron representadas entre los invitados, en una celebración que reflejaba bastante bien la manera de entender la vida de la pareja. Anke y Julian no buscaban reproducir el formato habitual de una boda, sino diseñar una experiencia que tuviera que ver con ellos: una comida sin demasiado protocolo y, por encima de todo, música de la que de verdad les gusta escuchar.
El lugar elegido fue El Feligrés, una finca con jardines a pocos minutos de Madrid.
La propuesta gastronómica seguía esa misma filosofía. Había distintas estaciones entre las que moverse, en una propuesta que invitaba a elegir, probar y compartir en lugar de seguir el ritmo de un menú servido plato a plato.
Pero si había algo que Anke y Julian tenían especialmente claro era la música.
Son de esas personas que viajan a Ibiza, se desplazan para asistir a conciertos y hacen de la música una parte importante de sus planes. Por eso querían un buen DJ desde la llegada de los invitados, no solo para animar el baile al final de la noche, sino para que la música acompañara la celebración desde el principio.
La música corrió a cargo de Alberto Navarro, DJ elegido para acompañar la celebración desde la llegada de los invitados, mientras que Javier Sjeihchman se encargó de fotografiar los momentos de la boda.
Con cerca del 98 % de invitados internacionales, El Feligrés se convirtió por un día en punto de encuentro de una comunidad cosmopolita, formada por personas que viven en España y otras que viajaron expresamente para acompañar a la pareja. Distintos idiomas, procedencias y maneras de entender el mundo compartieron jardín, mesa y pista de baile.
Una ceremonia al aire libre, un autobús de dos pisos, una gastronomía pensada para elegir sin protocolo y una banda sonora seleccionada con intención. La boda de Anke y Julian no buscaba parecerse a ninguna otra. Quería ser una celebración que hablara de ellos, de sus amigos y de todo aquello que disfrutan compartiendo.
Las celebraciones de alto nivel no se miden por el número de invitados, sino por la excelencia de cada detalle. Escríbeme y os abriré las puertas de una cuidada selección de fincas para bodas pequeñas en Madrid.
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