Las bodas de la Generación Z no existen
Victoria Cascajares 24.03.2025
Un día sí y otro también, me encuentro con artículos de colegas del sector o revistas de bodas proclamando el último gran hallazgo: las bodas de la Generación Z. Nos dicen que han revolucionado el concepto, que ahora todo es más auténtico, natural y sostenible. Que han cambiado los vestidos pomposos por trajes relajados, los banquetes por food trucks y las listas de boda por donaciones a ONGs.
Las bodas de la Generación Z no existen. Porque no hay una generación haciendo bodas, igual que no hay una generación comiendo, vistiendo o respirando. Lo que existen son personas con buen gusto y personas sin él. Las primeras organizan bodas elegantes, originales, emocionantes. Las segundas hacen bodas pretenciosas, ridículas o, peor aún, aburridas. Pero no por su fecha de nacimiento, sino por quiénes son.
El problema es que vivimos en la era de la etiqueta fácil. Y así nos han colado la idea de que ahora todo es más auténtico, natural y sostenible, como si la autenticidad fuese una moda y no la única forma digna de existir.
La autenticidad no es una tendencia
Si buscas en Google "bodas auténticas", encontrarás miles de artículos sobre cómo hacer que tu boda sea diferente, especial, única. Paradójico, ¿no? Si algo es auténtico, no necesita una guía paso a paso para serlo. La industria ha convertido la autenticidad en una categoría de producto, algo que se puede comprar en forma de vajilla artesanal o invitaciones con lettering imperfecto.
La verdad es otra: la autenticidad no se planifica, ni se copia, ni se vende. Una boda es auténtica cuando representa a quienes la celebran, sin importar si eso implica un castillo o un salón de casa.
La naturalidad tampoco se fuerza
Nos han vendido la idea de que las bodas ahora son más "naturales", pero ¿desde cuándo la naturalidad se prepara con meses de antelación? Bodas con peinados despeinados, vestidos de novia "espontáneos" que cuestan miles de euros y ceremonias “relajadas” organizadas con una planificación milimétrica. Lo natural no es un concepto de diseño ni una estrategia de marketing. Es, simplemente, lo que no se fuerza.
Y si hay que forzarlo, entonces no es natural.
Bodas sostenibles: la trampa del greenwashing
Otra etiqueta estrella: la boda sostenible. La industria quiere hacernos creer que una boda con flores locales, menús de kilómetro cero y decoraciones reciclables es un acto de activismo medioambiental. Pero la única boda realmente ecológica es la que no se celebra. Todo lo demás es greenwashing con lazos de lino.
No hay nada de malo en querer reducir el impacto ambiental de una boda, pero venderlo como una tendencia generacional es absurdo. ¿Desde cuándo la conciencia ecológica es exclusiva de una edad? ¿No hubo parejas en los 90 o 2000 que quisieron casarse sin generar residuos? Claro que sí, solo que nadie les puso etiqueta.
Haz lo que quieras (pero de verdad)
Pero lo peor de todo no es la etiqueta en sí, sino la presión de encajar en ella. En cuanto algo se convierte en tendencia, se transforma en norma. Y lo que debería ser simplemente una elección –casarse de una forma u otra– pasa a ser una obligación: si eres joven y moderno, tu boda debe ser diferente.
Pues no.
Haz lo que quieras. Pero de verdad. No porque lo leíste en un artículo sobre las bodas que triunfarán este año, ni porque alguien decidió que tu generación debe casarse de una forma concreta.
Si quieres una boda íntima, hazla. Si quieres una boda grande, también. Pero no porque lo marque una supuesta tendencia generacional, sino porque es lo que realmente te hace feliz.
Porque la única boda auténtica es la que no pretende serlo.